Empanada gigante de último momento

Hoy les voy a hablar de mí. Y no es que me haya dado un ataque fatal de egocentrismo. Es que me pasó algo bien curioso, que logré resolver con una receta improvisada que para ser honesta, quedó bien rica: una empanada gigante.
La cosa es así. Hace muy poco me mudé y logré independizarme, lo cual me llena de alegría, pero a su vez me ha cargado de tareas. Por ejemplo, he tenido que salir de compras: comprar toallas, repasadores, vajilla, sábanas… de todo un poco.
Todo el mundo me ha ayudado, no es que no. Todo lo contrario. Pero, justamente, la familia y los amigos suelen enfocarse en las cosas grandes: lavarropas, cocina, heladera, microondas… todo eso tengo. Pero de las cosas chicas, esas que estamos acostumbrados a tener… siempre las olvidamos.
Esta mañana estaba decidida a hacer una tarta. Una especie de pascualina… esas eran mis intenciones. Una especie les digo, porque mi memoria es mala y como nunca me acuerdo de las recetas improviso levemente sobre la marcha.
En fin… fui al súper y compré todo: tapas de empanada, acelga, cebolla, morrones, huevos y dos masas pronas de hojaldre. Llegué a casa y me apronté. Pero ahí se quedó la cosa. Porque descubrí algo inesperado: no tenía asadera. ¡No tenía asadera!
Pero si se piensan que eso me detuvo están equivocados. En vez de una tarta hice dos empanadas grandes. Preparé el relleno y coloqué la mitad en cada tapa. Las doblé y les hice el repulgue como si fueran empanadas. Las metí al horno ¡y listo! Dos empanadas gigantes.
No tan grande como la de la foto, pero grande al fin. ¿Y saben qué? Me rompí la boca de lo deliciosa que estaba.
Artículos Relacionados
No hay Comentarios
Dejar un Comentario


















