La mesa de Navidad

El armado de la mesa de Navidad, es todo un tema para aquellos que disfrutan haciendo gala de los buenos modales. Una de las cosas más maravillosas que lleva implícito cocinar, es agasajar, es decir: Tratar con atención expresiva y cariñosa, halagar o favorecer a alguien con regalos u otras muestras de afecto o consideración. Y para lograr todo ello, el armado del plato y la puesta de la mesa son fundamentales.
Hoy comenzaremos con un aspecto fundamental a tener en cuenta: la distribución de la mesa, y luego seguiremos a lo largo de estos días con otros asuntos también bien importantes a tener en cuenta.
Lo primero que hay que buscar, es una mesa bien ordenada. No importa el costo de los platos o la sofisticación de los invitados, el orden puede lograrlo cualquiera y se lo merece cualquiera. Y no se trata únicamente de una cuestión del orden por el orden, para que todo quede más bello o delicado, se trata de promover por sobre todo, una mesa que sea un soporte adecuado para la comunicación.
El primer consejo es huir de las ostentaciones.
La distribución:
Aunque siempre solemos hacer sentar a las parejas juntitas, seguros de que estamos siendo eco de la mayor cordialidad, lo cierto es que estábamos equivocados: no es apropiado cuando hay muchas parejas invitadas, hacerlas sentar juntas. Lo ideal, aunque a primera vista no lo parezca, es mezclar las parejas entre el resto de los comensales. De lo contrario, en lugar de promover la interacción entre todos los invitados, estaremos impulsando a que cada cual hable y se refugie con su pareja.
Otro aspecto a tener en cuenta con la distribución, es que no conviene sentar a los hombres por un lado y a las mujeres por el otro. Las razones son las mismas que las anteriores: no queremos una mesa dividida en dos grupos que no interactúen entre si.
Via | revista.consumer
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