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Abril 30, 2007

La Princesa y el tenedor

30_tendor.gifAlgunos no coinciden, pero la mayoría supone que el tenedor tuvo su origen en el siglo XI, como un pincho con un solo diente. Aparentemente, una Princesa Bizantina llamada Teodora -hija del Emperador de Bizancio: Constantino Ducas- lo habría mandado a fabricar, con la intención de poder llevarse los alimentos a la boca, sin necesidad de tener que utilizar las manos. Ahora, como buena Princesa, no andaba con pequeñeces. Y la muchachita (según cuentan) mandó a hacer el pincho en oro puro.

Lo cierto es que la  Princesa no tuvo muchos seguidores y al principio; lo único que inspiró el instrumento fue rechazo. Nadie estaba acostumbrado, y las destrezas al usarlo eran bien malas: se pinchaban la lengua, las encías, los labios;  lo utilizaban como  mondadientes, para rascar y hurgar, y alguno que otro decidió pinchar al compañero de al lado.

San Pedro de Damián, que evidentemente era medio conspirativo, incluso le denominó “instrumento diabólico”, pues  le  consideraba demasiado refinado para utilizarlo en las comidas. Y algo de verdad el hombre tenía, ¿qué tenía esa Princesa que complicarlo todo? Antes era agarrar con las manos y pronto: a la boca. Total, en caso de ensuciar, estaba la ropa para limpiarse.

Pero la Princesa Teodora era insistente. Contrae matrimonio con Doménico Selvo (hijo del Gran Duque de Venecia), y trata de imponer su creación en la corte. Pero ni allí tuvo suerte. El denominado “fourchette” (que viene a significar “pincho”) no le cayó muy simpático a los cortesanos, y allí quedó. Habría que esperar unos siglos para que la herramienta repercutiera en Italia y el mundo.

El Rey Enrique III, fue uno de los precursores en tratar de extender su uso, entre los años 1.574 a 1.589, en su refinada corte francesa. Pero hubo que reformarlo un poco: se le colocaron dos dientes y mango más amplio.

En el siglo XVII, el descubridor y experto viajero Británico Mr. Thomas Coyat en uno de sus viajes a Italia conoce este nuevo utensilio. “Muchos italianos se sirven de un “pincho” para no tocar los alimentos, para comer los espaguetis, para tomar la carne” escribía el hombre en sus diarios, “No es nada refinado comer con las manos, pues aseguran que no todas las personas tienen las manos limpias”. Y fascinado, se lleva el pinchito a Inglaterra.

Aquel instrumento, que para muchos tenía fama de cursi y afeminado, recién logra generalizar su uso en Europa  a finales del siglo XVIII o principios del XIX (dependiendo de los países) y luego al resto del mundo. La primera industria que comenzó a fabricar estos nuevos utensilios en España, se ubicó en Barcelona, a principios del siglo XIX.

Y así fue, por culpa de una Princesa quisquillosa, que nuestras madres nuca nos dejaron comer con las manos.

Via | protocolo


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