¡Hay que tener polenta!

Si hay un alimento que es subestimado en el mundo de la gastronomía, es la polenta. Se la llama despectivamente “comida de pobre” por su bajo precio y su valor nutritivo, su carácter sustancioso y rendidor. Se la utiliza para sermonear a alguien: “si no queres polenta, dos platos”, y se la discrimina en forma exagerada: “como todo menos polenta”, escuché decir una vez.
Pero la polenta no es fea, es tan solo una incomprendida. Hoy, algunos ya lo han entendido: la polenta no es un plato principal, es un maravilloso y versátil ingrediente, y han convertido a la polenta en una genial especialidad gourmet.
Su valor nutritivo no es tan alto como se piensa, tiene pocas proteínas y prácticamente nada de vitaminas. Por ello, para hacerla más nutritiva es conveniente servirla con carnes o lácteos, como queso por ejemplo.
Una vez que la entendemos como ingrediente, zafamos de la tradicional receta de polenta con salsa de tomate y queso, y estamos listos para familiarizarnos con las muchas formas de prepararla, que si bien parten de su preparación básica (en dos litros de agua hirviendo dejar caer como lluvia la polenta. Sin dejar de revolver, añadir una cucharada de manteca y sal. Seguir revolviendo. Poner en fuente y dejar reposar por 20 minutos.), dan resultados inimaginablemente más deliciosos.
Via | diariodecuyo
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